“La industria cumple un rol social fundamental como generadora de empleo formal y de oportunidades de desarrollo”

La industria uruguaya enfrenta un escenario “desafiante” debido a los altos costos de producción, los cambios tecnológicos y las transformaciones globales, pero a su vez se destaca por su “resiliencia y capacidad de adaptación”. Así lo dijo a La Mañana Anahí Lorenzo, encargada del área de Marketing y Sostenibilidad de Darnel Packaging, firma dedicada a la fabricación de empaques. La especialista analizó los principales desafíos del sector y remarcó el rol social que cumple en el empleo y la economía uruguaya.

¿Qué lectura hace sobre la realidad actual de la industria en Uruguay?

La industria uruguaya atraviesa un momento desafiante, marcado por tensiones estructurales históricas y por transformaciones globales que impactan de forma directa en la manera de producir, invertir y competir. Factores como la evolución del comercio internacional, los cambios tecnológicos, las exigencias ambientales y la reconfiguración de las cadenas de valor plantean nuevos escenarios para el sector productivo.

Al mismo tiempo, se trata de un sector que ha demostrado resiliencia, capacidad de adaptación y un fuerte compromiso con el desarrollo del país. Hoy conviven realidades muy diversas: industrias consolidadas que buscan sostener su competitividad en un contexto exigente, y otras que exploran nuevos modelos productivos con mayor foco en innovación, sostenibilidad, eficiencia y valor agregado.

En este escenario, Uruguay tiene oportunidades claras si logra capitalizar su estabilidad institucional, su capital humano, su tradición industrial y su creciente alineación con estándares internacionales. El desafío es transformar esas fortalezas en ventajas competitivas sostenibles en el tiempo, consolidando una industria capaz de crecer y adaptarse sin perder su rol estratégico en la economía nacional.

¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan las empresas que producen en el país?

Entre los principales desafíos se destacan los costos estructurales, la escala limitada del mercado interno, la necesidad de mejorar la productividad y una mayor inserción internacional. Estos factores condicionan la competitividad y obligan a las empresas a optimizar procesos, innovar y buscar nuevos mercados.

A esto se suma la velocidad del cambio tecnológico y regulatorio, que exige inversiones constantes, planificación y capacidad de adaptación. Las empresas deben incorporar nuevas tecnologías, digitalizar procesos y responder a normativas cada vez más exigentes, tanto a nivel local como internacional.

Otro desafío relevante es la formación, atracción y retención de talento. La industria necesita incorporar nuevas competencias técnicas y digitales, al tiempo que acompaña procesos de reconversión laboral. En este contexto, la colaboración entre empresas, la academia, el Estado y otros actores del ecosistema productivo resulta clave para construir soluciones compartidas y fortalecer el entramado industrial.

¿Cómo inciden los costos, que históricamente han generado preocupación en las empresas, en la capacidad de producir en Uruguay?

Los costos energéticos, logísticos, laborales y financieros inciden de manera directa en la competitividad de la industria nacional, especialmente en sectores expuestos a la competencia internacional. Su impacto no solo se refleja en los márgenes, sino también en las decisiones de inversión, innovación y localización productiva.

Más allá de su peso específico, el desafío no es únicamente reducir costos, sino abordarlos desde una mirada integral que contemple eficiencia, innovación, previsibilidad y escala. La mejora de la productividad, la incorporación de tecnología y la optimización de procesos son herramientas clave para mitigar estos impactos.

La estabilidad de reglas, el acceso a financiamiento adecuado y los incentivos a la inversión productiva permiten a las empresas planificar a largo plazo, modernizar sus operaciones y mejorar su desempeño, incluso en contextos complejos. Avanzar en soluciones estructurales requiere una visión compartida y un diálogo constante entre el sector público y privado.

Isabelle Chaquiriand, CEO de ATMA, dijo a La Mañana que la industria cumple un rol social clave al generar empleo para personas con menor formación. ¿Comparte esta apreciación?

Sí, comparto plenamente esta mirada. La industria cumple un rol social fundamental como generadora de empleo formal y de oportunidades de desarrollo para personas con distintos niveles de formación. En muchos casos, el trabajo industrial es la puerta de entrada al mercado laboral formal.

A través de la industria, muchas personas acceden no solo a un ingreso, sino también a estabilidad, capacitación y posibilidades reales de crecimiento. La formación en el puesto de trabajo y el aprendizaje continuo permiten desarrollar habilidades técnicas y sociales que fortalecen la empleabilidad.

Además, la industria tiene la capacidad de acompañar trayectorias laborales a lo largo del tiempo, adaptando perfiles a nuevas tecnologías y procesos productivos. Esto contribuye a la cohesión social, al desarrollo de capacidades locales y al fortalecimiento del tejido productivo del país.

Desde la Cámara de Industrias se ha señalado la falta de competitividad como una de las mayores dificultades del sector. ¿Qué tipo de políticas serían efectivas para atender esta problemática?

Para mejorar la competitividad se requieren políticas públicas que promuevan la inversión, la innovación y la productividad, con una visión de largo plazo y reglas claras. La previsibilidad es un factor clave para que las empresas puedan planificar e invertir.

Esto incluye incentivos a la modernización tecnológica, apoyo a la internacionalización, mejoras en infraestructura y logística, y marcos regulatorios estables y eficientes. Asimismo, es fundamental reducir barreras innecesarias y facilitar el acceso a herramientas de financiamiento.

También es clave fortalecer la articulación público-privada y promover programas de formación y reconversión laboral alineados con las necesidades reales del sector productivo. La competitividad se construye de manera sistémica y requiere el compromiso de todos los actores.

¿Cómo imagina la industria uruguaya del futuro?

Imagino una industria uruguaya más integrada a las cadenas regionales y globales, con mayor foco en valor agregado, innovación y sostenibilidad. Una industria que incorpore tecnologías, mejore su eficiencia y se diferencie por calidad, trazabilidad y cumplimiento de estándares internacionales.

El futuro industrial de Uruguay pasa por producir mejor, no solo más, apostando a procesos más inteligentes y responsables. También pasa por consolidar un modelo que combine desarrollo económico, cuidado del ambiente y generación de oportunidades para las personas, fortaleciendo el rol de la industria como motor de crecimiento sostenible.

¿Qué importancia tiene la industria para la economía uruguaya hoy?

La industria ocupa un lugar estratégico en el desarrollo del país, no solo por su aporte económico, sino también por su impacto social y territorial. Es un sector que genera empleo formal, impulsa encadenamientos productivos y contribuye a la diversificación de la matriz económica, aspectos clave para un crecimiento más equilibrado y sostenible.

Fortalecer ese rol implica pensar la industria como un proyecto de largo plazo, que combine competitividad con responsabilidad. Para ello, resulta fundamental avanzar hacia una visión compartida que promueva la innovación, la incorporación de tecnología y la mejora continua de los procesos, al tiempo que se integren criterios ambientales y sociales en la toma de decisiones.

Transformar los desafíos actuales en oportunidades requiere diálogo, cooperación y articulación entre el sector público, el privado y el ámbito académico. Solo a través de ese trabajo conjunto será posible construir un entramado industrial más sólido, capaz de adaptarse a los cambios, generar valor agregado y contribuir al bienestar de las personas y al desarrollo del país en su conjunto.

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